Mucha gente ajusta cuidadosamente el pH del sustrato y luego riega con agua del grifo a pH 7,8 semana tras semana. El resultado es predecible: el pH del sustrato sube lentamente hasta que la planta deja de absorber hierro, el follaje amarillea y el crecimiento se para. El agua de riego no es solo un vehículo para los nutrientes; también es un corrector del pH, para bien o para mal. Esta guía explica por qué importa, cómo medirlo y qué usar para corregirlo.
Puntos clave
- El arándano necesita un pH de sustrato entre 4,5 y 5,5. El agua de riego alcalina lo sube con cada aplicación.
- El rango objetivo para el agua de riego es pH 5,5-6,5: suficientemente ácida para no elevar el sustrato, pero sin riesgo de fitotoxicidad.
- En España, el agua de red tiene con frecuencia pH de 7,2 a 8,5 y dureza media-alta, lo que la convierte en un problema activo para el arándano.
- Los correctores más usados son ácido cítrico (uso doméstico), ácido fosfórico diluido (finca) y ácido nítrico o sulfúrico técnico (producción profesional).
- Medir antes y después de corregir es obligatorio: añadir ácido a ojo es un error habitual que puede llevar el agua a pH 4 o menos.
por qué el agua de riego afecta al pH del sustrato
Cuando el pH del suelo o del sustrato sube por encima de 6, el arándano empieza a tener dificultades para absorber hierro, manganeso y zinc. Por encima de 6,5 la clorosis ferrica aparece de forma visible: las hojas jóvenes amarillean mientras las nervaduras siguen verdes. El arándano no es una planta caprichosa; es que su sistema de captación de estos micronutrientes funciona de forma eficiente solo en un rango muy estrecho de pH ácido.
El agua de riego actúa sobre el pH del sustrato a través de dos mecanismos. El primero es directo: el agua llega con un pH determinado y, si ese pH es alcalino, desplaza iones hidrógeno del sustrato y lo neutraliza poco a poco. El segundo es la alcalinidad o dureza del agua, que mide la concentración de bicarbonatos y carbonatos disueltos. Un agua con alta alcalinidad tiene una gran capacidad tampón: puede neutralizar grandes cantidades de ácido antes de cambiar su pH, y esa misma capacidad tampón actúa sobre el sustrato en cada riego.
En términos prácticos, una finca que riega con agua a pH 7,8 y 300 mg/L de bicarbonatos puede ver su sustrato pasar de pH 5 a pH 6,5 en el plazo de un par de temporadas, aunque haya partido de un suelo bien preparado. La solución no está en corregir el sustrato más a menudo, sino en ajustar el agua antes de que llegue a la raíz.
cómo medir el pH del agua de riego
Un pHmetro de electrodos es la herramienta de referencia. Los modelos básicos de jardín cuestan entre 15 y 40 euros y son suficientes para uso doméstico y en finca pequeña. El procedimiento es simple: calibrar el pHmetro con soluciones tampón de pH 4 y pH 7 antes de cada sesión de medición, tomar la muestra de agua directamente del punto de riego y leer el valor. Para obtener una lectura fiable conviene dejar el electrodo sumergido entre 30 y 60 segundos y asegurarse de que el agua está a temperatura ambiente.
Las tiras reactivas de pH son mucho menos precisas: dan lecturas con un margen de error de 0,5-1 unidad, lo que en el rango 5,5-7 puede llevar a correcciones equivocadas. Son útiles como comprobación rápida si ya se sabe que el agua está en el rango correcto, pero no para ajustes finos.
Igualmente útil es conocer la alcalinidad del agua, que se mide en mg/L de CaCO3 equivalente. Muchas empresas suministradoras facilitan este dato o lo pueden calcular a partir del análisis de agua. Para uso en finca de cierto tamaño, solicitar un análisis completo del agua (pH, CE, alcalinidad, dureza y contenido en calcio, magnesio, sodio y cloruros) una vez al año es una inversión con retorno claro.
"Corregir el sustrato sin corregir el agua de riego es limpiar la cocina mientras el grifo sigue goteando aceite."
qué rango de pH buscar en el agua de riego
El objetivo no es que el agua tenga el mismo pH que el sustrato. El agua de riego debe llegar a la raíz con un pH de entre 5,5 y 6,5. En ese rango, el agua no eleva el pH del sustrato ni lo acidifica en exceso. Un pH de 6 en el agua de riego es un punto de partida muy adecuado para la mayoría de los sistemas de cultivo de arándano en España.
Por debajo de pH 5 en el agua, se corre el riesgo de movilizar en exceso aluminio y manganeso en el sustrato, lo que puede ser fitotóxico a concentraciones altas. Además, los goteros y tuberías de riego se deterioran más rápido con agua muy ácida y los filtros se obturan antes. Más abajo de pH 4,5 el riesgo de daño radical es real.
En el extremo opuesto, agua con pH por encima de 7,5 requiere corrección sistemática en cualquier cultivo intensivo de arándano. El agua de la red pública en muchas zonas de la península ibérica sale entre 7,2 y 8,2. El agua de pozo puede superar pH 8,5 en zonas calcáreas del interior.
productos para acidificar el agua de riego
Existen varias opciones según el volumen a tratar y la disponibilidad de infraestructura. Cada una tiene ventajas e inconvenientes.
Ácido cítrico: es el corrector más seguro para uso doméstico y en huertos pequeños. Se comercializa en polvo alimentario y no requiere equipos de protección especiales. Se disuelve directamente en el depósito de riego o en un cubo. La dosis orientativa es de 0,5 a 1 g por litro de agua con pH entre 7,5 y 8. Su limitación es que tiene baja capacidad de tamponar aguas con alta alcalinidad: si el agua tiene más de 400 mg/L de bicarbonatos, el ácido cítrico no es suficiente para mantener el pH estable.
Ácido fosfórico al 85%: es el corrector más extendido en producción intensiva porque además aporta fósforo al agua de fertirrigación. Se maneja con guantes y gafas de protección. La dosis varía según la alcalinidad del agua, pero un punto de partida habitual es 0,3-0,8 mL por cada 10 litros de agua alcalina. Siempre hay que medir el pH resultante antes de regar.
Ácido nítrico técnico al 60%: se usa en fertirrigación profesional con inyectores o dosificadores automáticos. Aporta nitrógeno nítrico y corrige la alcalinidad de forma muy eficaz incluso en aguas duras. Requiere protección completa (guantes, gafas, mandil) y almacenamiento específico. No es adecuado para uso sin formación previa.
Ácido sulfúrico técnico: muy eficaz y económico en grandes volúmenes, pero es el más peligroso de manejar. Solo se justifica en instalaciones profesionales con dosificadores automáticos y protocolos de seguridad establecidos.
Vinagre blanco: funciona en plantas individuales o en pruebas puntuales, pero su concentración de ácido acético es baja e irregular y no resulta práctico para volúmenes mayores de unos pocos litros. Su efecto sobre sustratos con alta alcalinidad es mínimo.
cómo calcular la dosis y aplicarla bien
El procedimiento correcto siempre empieza por medir y termina por medir. Nunca se debe añadir ácido a ojo sin comprobar el pH resultante.
Para un depósito de riego de 200 litros con agua a pH 7,8, el proceso es el siguiente:
- Llenar el depósito con el volumen de agua previsto.
- Medir el pH inicial con el pHmetro.
- Disolver la dosis estimada del corrector en un vaso de agua antes de añadirla al depósito, para evitar puntos de concentración local.
- Agitar bien y esperar 5 minutos.
- Medir de nuevo. Si el pH sigue por encima de 6,5, añadir una cantidad adicional pequeña y repetir la medición.
- Registrar la dosis total empleada para usarla como referencia en la siguiente aplicación con la misma fuente de agua.
En fincas con sistema de fertirrigación automatizado, lo ideal es instalar un pH-metro de línea con controlador que regule la inyección de ácido de forma continua. Estos sistemas ajustan la dosis en tiempo real según el pH del agua en circulación y eliminan la variabilidad manual. La inversión se amortiza con rapidez en producciones de cierta dimensión al evitar episodios de clorosis y pérdidas de cosecha.
errores habituales al corregir el pH del agua
El error más frecuente es añadir el corrector directamente al depósito sin dilución previa. El ácido concentrado, aunque sea cítrico, puede crear zonas muy ácidas donde las raíces que riegan primero reciben una dosis excesiva antes de que el líquido se homogeneíce. Siempre hay que premezclar en un recipiente pequeño antes de verter.
Otro error es corregir el agua una sola vez al inicio de la temporada y dar por resuelto el problema. La alcalinidad del agua varía a lo largo del año, especialmente en fuentes superficiales y pozos que se ven afectados por la lluvia y la recarga estacional. Lo recomendable es medir al menos una vez al mes y antes de cualquier cambio de fuente.
Confundir pH con conductividad eléctrica (CE) también es fuente de errores: la CE mide la concentración de sales disueltas, no la acidez. Un agua puede tener pH bajo y CE alta, o pH alto y CE baja. Son parámetros independientes que hay que controlar por separado.
Finalmente, algunos productores intentan compensar el problema del agua alcalina solo con azufre en polvo esparcido por el suelo. El azufre elemental es un excelente acidificante del suelo a largo plazo porque las bacterias del género Thiobacillus lo oxidan a ácido sulfúrico, pero ese proceso lleva semanas y no afecta al pH del agua. El azufre acidifica el sustrato; el ácido en el agua acidifica el agua. Son dos intervenciones complementarias, no intercambiables.