Las antocianinas del arándano mejoran la circulación sanguínea en los capilares de la retina, refuerzan los fotorreceptores y aceleran la regeneración de rodopsina (el pigmento de los bastones). Son especialmente eficaces en la reducción de la fatiga visual digital y la mejora de la visión en condiciones de baja luminosidad.

El arándano y la visión nocturna: historia y ciencia

La relación entre el arándano y la visión nocturna tiene raíces en la Segunda Guerra Mundial: se cuenta que los pilotos de la Royal Air Force consumían mermelada de arándano silvestre (Vaccinium myrtillus) antes de las misiones nocturnas. Aunque la anécdota histórica es discutida, la ciencia que hay detrás es sólida.

Los estudios clínicos más rigurosos —principalmente japoneses e italianos, donde el consumo de bilberry (mirtilo europeo) es tradicional— muestran mejoras del 20-25% en la sensibilidad de contraste en condiciones mesópicas (baja luminosidad) tras 4 semanas de suplementación con extracto estandarizado de antocianinas. El mecanismo: las antocianinas aceleran la resíntesis de rodopsina en los bastones retinianos tras la exposición a la luz brillante, reduciendo el tiempo de adaptación a la oscuridad.

Fatiga visual digital

El síndrome de visión por ordenador (CVS) —fatiga ocular, sequedad, visión borrosa, cefalea— afecta a más del 60% de los trabajadores que pasan más de 6 horas diarias frente a pantallas. Un ensayo clínico publicado en 2020 en Nutrients mostró que la suplementación con 240 mg/día de antocianinas de arándano durante 4 semanas redujo significativamente los síntomas de CVS y mejoró la acomodación visual (la capacidad del ojo de enfocar a distintas distancias).

Degeneración macular y glaucoma

Las antocianinas protegen el epitelio pigmentario de la retina del daño oxidativo inducido por la luz azul de las pantallas LED. En la degeneración macular seca, actúan reduciendo la acumulación de drusas (depósitos de residuos celulares bajo la retina) y modulando la expresión del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF), implicado en la neovascularización de la DMAE húmeda.

En el glaucoma, su capacidad de mejorar la microcirculación en la cabeza del nervio óptico y reducir el daño oxidativo en las células ganglionares retinianas abre vías de investigación prometedoras, aunque la evidencia clínica en humanos es todavía preliminar.