El pH ácido del suelo no es una preferencia del arándano: es una condición fisiológica imprescindible. Por encima de pH 5,5, la planta no puede absorber hierro, manganeso, zinc ni cobre aunque estén presentes en el suelo, y enferma de clorosis. La corrección del pH mediante turba, azufre o acidificantes es la primera intervención que debe realizar cualquier productor.
Por qué el arándano necesita suelo ácido
La disponibilidad de los nutrientes en el suelo depende en gran medida del pH. En suelos con pH superior a 6, el hierro y el manganeso se oxidan y precipitan en formas no asimilables por las raíces. Esto provoca clorosis intervenal (amarillamiento de las hojas con las nervaduras verdes), el síntoma más frecuente de un arándano mal plantado en suelo inadecuado. La planta pierde vigor, reduce la floración y puede morir en 2-3 temporadas si no se corrige el pH.
A pH 4,5-5,5, el hierro, manganeso y zinc están en formas reducidas solubles y fácilmente asimilables. Adicionalmente, las bacterias nitrificantes que convierten el amonio en nitrato —una forma de nitrógeno menos accesible para el arándano— son menos activas a pH ácido, lo que favorece la acumulación de amonio, la fuente de nitrógeno preferida por esta planta.
Corrección del pH: las opciones
Turba rubia (Sphagnum): La corrección más habitual para plantaciones nuevas. La turba rubia tiene un pH natural de 3,5-4,0 y una capacidad de intercambio catiónico alta. Mezclada con el suelo en proporciones del 30-50%, acidifica, mejora la retención de humedad y aporta materia orgánica. Su desventaja: es un recurso no renovable a escala humana (las turberas tardan miles de años en formarse).
Azufre elemental: Aplicado al suelo, las bacterias del suelo lo oxidan lentamente a ácido sulfúrico, bajando el pH. Es la corrección más duradera (actúa durante años) pero más lenta (necesita 3-6 meses para efecto completo). Dosis: 0,5-3 kg/m² según el pH inicial y la textura del suelo.
Sulfato de amonio: Fertilizante nitrogenado que además acidifica el suelo. Dos beneficios en uno: aporta el nitrógeno en forma de amonio (la preferida del arándano) y reduce el pH progresivamente. Es la opción más usada en mantenimiento una vez establecida la plantación.
Análisis edáfico: la herramienta imprescindible
El pH del suelo puede variar de un año al otro por el efecto del agua de riego, los fertilizantes y la actividad biológica. Un análisis edáfico anual —en primavera, antes de que comience la actividad vegetativa— es la única forma de saber si la corrección realizada ha sido suficiente y si se necesita una nueva intervención. El coste de un análisis completo (pH, materia orgánica, nutrientes mayores y menores) es de 30-60€, una inversión ínfima comparada con el coste de perder una temporada de producción por clorosis.