El arándano lleva miles de años creciendo en los bosques, landas y páramos del hemisferio norte. Cada cultura que lo encontró le puso un nombre distinto, y ese nombre revela cómo lo vieron: su color, el paisaje donde crecía, su parecido con otras plantas o simplemente el sonido de la lengua extranjera que llegó antes. Este artículo sigue la pista lingüística del mismo fruto a través de diez idiomas.
Lo más curioso en un vistazo
- El inglés eligió el color azul; el alemán eligió el hábitat (la landa); el finlandés eligió el negro.
- Las lenguas del sur de Europa heredaron el nombre del latín botánico, no de la descripción visual.
- Checo y polaco llamaron al arándano "fruto del bosque de pinos", porque ahí lo encontraban.
- El japonés no inventó nombre propio: tomó prestado el sonido inglés.
- El chino sí creó un carácter propio: lánméi, baya azul, igual que los anglosajones pero con otra escritura.
- La etimología exacta de "arándano" en castellano sigue sin estar resuelta con certeza.
el inglés y el nombre más directo: blueberry
En inglés, el arándano se llama blueberry: literalmente, baya azul. Es el nombre más descriptivo posible. Cuando los colonos europeos llegaron a América del Norte y encontraron los arbustos silvestres de Vaccinium angustifolium y Vaccinium corymbosum, lo que más llamaba la atención era ese color azul pálido, polvoriento, inconfundible. No necesitaron más explicación: era la baya azul.
Lo interesante es que en inglés existe también la palabra whortleberry o bilberry para referirse a la variedad silvestre europea más oscura, Vaccinium myrtillus. El término "blueberry" quedó ligado específicamente a las variedades americanas de mayor tamaño, mientras que "bilberry" se usa con más precisión botánica para la variedad europea. En el uso popular, sin embargo, "blueberry" se ha impuesto globalmente como término de referencia para todo el género.
el latín manda en el sur de Europa: myrtille, mirtillo, mirtilo
Los idiomas de la Europa mediterránea tomaron otro camino completamente distinto. En vez de describir el color o el paisaje, los botánicos renacentistas compararon el arándano con el mirto (Myrtus communis), un arbusto aromático mediterráneo con hojas y frutos de aspecto similar. El nombre científico de la especie silvestre europea refleja exactamente eso: Vaccinium myrtillus, donde myrtillus es el diminutivo latino de myrtus y significa, literalmente, "pequeño mirto".
De ahí derivan el francés myrtille, el italiano mirtillo y el portugués mirtilo. Tres países, tres variantes fonéticas del mismo ancestro botánico latino. El nombre dice menos sobre el arándano en sí y más sobre la tradición de clasificación naturalista europea, que organizaba las plantas por analogía con otras ya conocidas.
"El mismo fruto puede ser 'baya azul' para un norteamericano, 'baya de la landa' para un alemán y 'pequeño mirto' para un francés. Cada nombre es una ventana a cómo esa cultura conoció el fruto."
el alemán mira el paisaje: Heidelbeere, la baya de la landa
El alemán hizo algo diferente a todos los anteriores: no describió el fruto, sino el lugar donde crecía. Heidelbeere está formado por Heide (landa, brezal, páramo) y Beere (baya). Es, literalmente, la baya de la landa o baya del brezal.
No es una denominación caprichosa. Las landas y brezales del norte y centro de Europa son precisamente el hábitat natural del arándano silvestre. Quien recorría esos paisajes abiertos y cubiertos de brezo en los meses de verano sabía que los arbustos bajos de arándanos formaban parte de ese ecosistema. El nombre captura una geografía concreta: el arándano como fruto del páramo.
Existe también en alemán la variante Blaubeere (baya azul), más literal, usada regionalmente sobre todo en el sur de Alemania y Austria. Pero Heidelbeere es el término oficial y más extendido en toda la lengua alemana estándar.
los finlandeses ven negro donde otros ven azul
La palabra finlandesa para arándano es mustikka, que deriva de musta, que significa negro. Para los finlandeses, el arándano no era azul: era negro.
Esto no es una percepción equivocada, sino una observación perfectamente precisa sobre la variedad que crece en los bosques boreales de Finlandia: Vaccinium myrtillus, el arándano silvestre europeo. A diferencia del arándano norteamericano de cultivo, grande y de color azul pálido, el arándano silvestre europeo tiene la piel de un azul tan oscuro que resulta casi negro, y su pulpa tiñe de violeta intenso todo lo que toca: los dedos, la boca, la ropa.
En Finlandia, recoger mustikka en el bosque es una tradición cultural arraigada. La temporada de recolección, a finales de verano, forma parte del calendario social. Ese color casi negro del fruto, tan distinto del blueberry norteamericano que aparece en los supermercados, es lo que el idioma registró hace siglos.
checo y polaco: el fruto del bosque de pinos
En checo, el arándano es borůvka; en polaco, borówka. Ambas palabras proceden de la raíz eslava bor, que designa un tipo específico de bosque: el bosque de pinos o de coníferas. La borůvka es, literalmente, el fruto del pinar.
De nuevo, una descripción del hábitat, no del color. Los arándanos silvestres proliferan efectivamente en los sotobosques de pinos y abetos de Europa Central. Quien fuera al bosque de pinos en verano sabía que encontraría borůvka. El nombre es casi una instrucción de recogida: busca bajo los pinos.
Esta coincidencia entre el alemán y las lenguas eslavas (nombrar el fruto por el lugar donde crece) no es casual. En todos estos territorios, el arándano era ante todo un fruto del campo y del bosque que se recogía a mano, y el paisaje de referencia era más útil como pista que el color, que cambia según la madurez.
el japonés tomó prestado el sonido inglés
Cuando el arándano norteamericano llegó a Japón como cultivo comercial en las décadas de 1950 y 1960, el japonés no buscó un nombre propio: adoptó directamente el sonido inglés. El resultado fue ブルーベリー, transcrito en caracteres fonéticos katakana y pronunciado burūberī. Es una palabra sin significado propio en japonés, solo el eco fonético de "blueberry".
Este tipo de préstamo directo es habitual en japonés para productos de origen extranjero que llegaron en época moderna. El kiwi es kiwi, el mango es mangō, la fresa es ichigo (palabra nativa muy antigua) pero la "tarta de fresa" se llama sutorōberī kēki. Con el arándano, al no haber variedad nativa japonesa con la que compararlo, el préstamo fonético fue la solución natural.
El coreano hizo lo mismo: 블루베리 (beulluberi), tomado directamente del inglés.
el chino creó sus propios caracteres: lánméi, la baya azul
El chino mandarín tomó una decisión diferente a la del japonés: crear una palabra nueva con caracteres propios. El resultado fue 蓝莓, pronunciado lánméi. El primer carácter, lán (蓝), significa azul. El segundo, méi (莓), significa baya o fruto pequeño. Baya azul: exactamente la misma lógica que el inglés, pero con escritura ideográfica china.
La coincidencia es llamativa: culturas con tradiciones lingüísticas tan distintas como la anglosajona y la china llegaron de forma independiente al mismo concepto descriptivo para nombrar el mismo fruto. Lo que más impresionaba a ambas era su color.
arándano: la palabra que guarda sus orígenes
Y llegamos al castellano. La palabra arándano no encaja fácilmente en ninguna de las tres categorías anteriores: no es descriptiva del color, no tiene la raíz latina de myrtillus y no describe un hábitat concreto.
La etimología exacta del término es materia de debate entre los lingüistas. Una hipótesis señala posibles influencias del vascuence o del iberorromance prerromano, dado que el arándano silvestre crece de forma natural en la franja cantábrica, el País Vasco y los Pirineos, zonas con fuerte sustrato lingüístico prelatino. Otra hipótesis relaciona la palabra con variantes romances emparentadas que aparecen en dialectos navarros y aragoneses. Sea cual sea el origen, la palabra no dejó una pista visible de cómo sus hablantes percibieron el fruto.
Lo que sí es curioso es que en castellano el término "arándano" designa históricamente tanto al arándano azul (Vaccinium myrtillus o corymbosum) como al arándano rojo o cranberry (Vaccinium macrocarpon), que es una especie completamente diferente. Para distinguirlos, en el uso moderno se añaden los calificativos "azul" y "rojo", aunque en el comercio actual "arándano" a secas casi siempre se refiere a la variedad azul.
lo que los nombres cuentan sobre el fruto y sus culturas
Recorrer los nombres del arándano en distintos idiomas es, en cierta medida, recorrer la historia de cómo cada cultura se relacionó con él. Los anglosajones lo conocieron en América como una baya de color inusual. Los germanos y eslavos lo encontraban en sus bosques y páramos y lo nombraron por esos paisajes. Los mediterráneos lo integraron en su sistema botánico heredado del latín. Los finlandeses lo recogían en los bosques del norte y vieron su color real, casi negro. Los asiáticos lo recibieron de fuera y o bien adoptaron el sonido extranjero o bien aplicaron sus propios conceptos al mismo fruto.
Cada nombre es una instantánea del momento y el lugar en que una comunidad humana nombró por primera vez algo que encontró en su entorno. El arándano es el mismo fruto en todos los idiomas; las palabras que lo designan son distintas historias sobre el mundo de quienes las inventaron.