Una mermelada de arándanos hecha en casa supera con creces cualquier versión comercial. Sin conservantes, sin colorantes y con el sabor intenso de la fruta fresca. El color violeta profundo y el equilibrio entre dulzor y acidez la convierten en un básico que querrás tener siempre en la despensa.
Preparación
- Lava y escurre los arándanos. Si son congelados, descongélalos a temperatura ambiente.
- En un cazo de fondo grueso, mezcla los arándanos con el azúcar, el zumo de limón y la ralladura. Remueve bien.
- Lleva a ebullición a fuego medio-alto, removiendo constantemente para evitar que se pegue.
- Reduce el fuego a medio y cocina 20-25 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la mermelada espese. Para comprobar el punto, pon una cucharadita en un plato frío: debe quedar firme y no líquida.
- Si usas pectina, añádela según las instrucciones del fabricante a mitad de la cocción.
- Esteriliza los tarros en agua hirviendo durante 10 minutos. Rellena en caliente, cierra herméticamente y voltea los tarros para hacer vacío.
Conservación
La mermelada sellada se conserva hasta 12 meses en un lugar fresco y oscuro. Una vez abierta, refrigera y consume en 3-4 semanas.
Para una mermelada sin azúcar, usa eritritol o xilitol en la misma proporción. El resultado es algo menos brillante pero igualmente sabroso.
Ideas de uso
- Tostadas con queso crema y mermelada de arándanos
- Yogur griego con mermelada y granola
- Relleno de tartas, crêpes y crepes
- Salsa para carnes como pato o venado
- Base de cheesecake o mousse de arándanos